Alicia de la Calle
Alicia, a simple vista, tiene la timidez propia de una aspirante a monjita que está por entrar a un convento. Es sumamente silenciosa y contesta en monosílabos cualquier pregunta. A veces, agrega alguna que otra palabra a los comentarios del Chipa o el Pelado.
Alicia, no es, se hace la boluda y como todo el que se hace el boludo, la pasa bien, realmente bien.
Porros para fumar, no le faltan, merca para aspirar de vez en cuando, tampoco, con el ‘ paco ‘ no quiere saber absolutamente nada, porque se enteró que Milena se fue al carajo y reventó hace algunos meses. Además el olor es asqueroso., díce.
Alicia cree, más allá del buen sexo que tiene con los chabones, siente que le falta amor. Reía como loca cuando pronunció la palabra amor, estaba re- fumada, le dolía la pancita, cuando decía….” Amor, jaja amor…jajaja.. amor jua jua jua.
Pero qué definición de amor puede tener una chica que, prácticamente está todo el día en la calle?... muchas , sin dudas, muchas. Incluso, sabe más de amor que cualquiera de “esas viejas conchudas que se piensan que del amor lo saben todo”.
Mientras Alicia ‘porrea’, en sus sienes hay un suave hormigueo, como una hermosa coquillita, una suave sensación que genera placer, un goce inigualable. Como si dos gigantes algodones le tapasen sus oídos.
Además ese silencio, está re-bueno, porque uno siempre que está en la calle, habla boludeces, generalmente, hace y piensa boludeces, siempre pensando en una compra, una venta, una transa, si, eso, boludeces. Jamás te van a demostrar dolor, o algún síntoma de debilidad interior. Te pueden hasta llorar de dolor de muelas, de cabeza o de estómago, pero jamás te van a dar el brazo a torcer respecto de sus sentimientos. Eso, se nota en sus miradas, en sus rostros, en sus pieles curtidas, se hacen como una coraza de acero, impenetrables.
Por eso, piensa Alicia, qué mejor que este silencio que te produce el ‘ punto rojo’, en esta tarde de verano, con vista al río. Ese silencio agradable, incomparable, esta pesadumbre que calma ansiedades, ese sentir el cuerpo, los huesos, cada uno de los miembros, las partículas, las sensaciones.
Es todo un bienestar, todo surge así. Fumar, tragar el humo, contenerlo unos cuantos segundos. Con dos o tres pitadas, bien dadas…¡ ¡ listo!!. Sentir luego la boca pastosa y los algodones, la coquillita en las sienes, ¿ y luego, luego el hambre. ¡ Ah, el hambre del bajón!! . Alicia a veces, desea lácteos, dulces, quesos, una coca, pero claro, en la calle, quién mierda. Con qué necesidad? y quién te da? quesos, dulces, una coca?. En casa, ¡ni en pedo!, mamá está siempre histérica, viene de una escuela y después se va a cuidar unos nenes a otro barrio que queda en la loma de los quinotos. Ya me tiene harta con que la guita no alcanza, que la luz, que el gas, que ¡ basta de televisión!!.
Además, la última vez, que mamá gritó, Alicia sintió odio hacia ella. Tuvo incluso, un segundo de pensamiento siniestro. Imaginó matando a mamá. Eso fue terrible, realmente. Menos mal que sólo fue un flash, un deslíz, un desborde momentáneo.
Pero por las dudas, decidió finalmente, desaparecer por unos días. Ya van como quince y mamá ni siquiera pregunta por la nena. Esa tarde, la de la fuerte discusión, se refugió en los brazos del Chipa.
Como hoy, aunque, el Chipa está con toda la resaca. Recién se despierta y encima está excitado. Fuman porro, esta vez, entero. “ Me dijeron que es paraguayo, me dijeron”, habla el Chipa en ‘sánguche’. “ Qué se yo” agrega.
Tres, cuatro pitadas y para Alicia es suficiente. Entonces, otra vez, la suave sensación de esos gigantes algodones en las sienes, esa cosquillita tan linda, esos algodones que le tapan las orejas, no quiere saber nada con mami, piensa. Estoy harta de que la plata no alcanza, de rendir cuentas de lo que hago, díce para sí. ¡ Si yo ayudo!. Bueno, trabajo no se consigue, ja ja, pero se consigue porro. Además, la última vez que trabajó, el dueño de la casa se la quería coger. ¡ Hijo de una gran Puta!!, me quería coger, piensa Alicia.
El Chipa, también tiene ganas de coger, ella lo sabe, porque la mano del chabón va deslizándose por la entrepierna, pero en este caso es distinto. Es un amigo, además, cuando tiene, convida y la trata bien. El loco me trata bien y me coge bien, piensa.
¡ Dale Chipa, pero, te pido algo por favor si? , no hables, no quiero escuchar nada, sólo dame algo de amor, pero por favor no hables eh? !.
Ese silencio, esa sensación, ese estado… es incomparable.
